La cicatriz del 68 en pos de justicia
En un controvertido libro titulado Los
abusos de la memoria, afirma que “la
memoria se ha visto revestida de tanto prestigio a los ojos de los enemigos del
totalitarismo, porque todo acto de reminiscencia, por humilde que fuese, ha
sido asociado con la resistencia anti totalitaria”
Sigilado es como querían dejar el grito que intentaba
traducir la injusticia que ha marginado nuestra sensibilidad e incapacidad de
enfrentar a la burocracia mexicana por mucho tiempo, y así como no calla una
campana en busca de creyentes, tampoco puede callar la susceptibilidad que
tienen nuestros derechos en un país guiado por individuos insensibles, poco
empáticos y llenos de intereses personales.
¿Cómo es que puede callarse el sonido de una
corriente llena de crueldad que lleva como destino el encubrimiento de la ley
de embudo y que rasga nuestras peticiones con tanto descaro?
El 2 de octubre del 68 no se olvida, es inaudito
el acto tan cobarde de reprimir la deprecación de equidad, con firmeza se puede
decir que un gobierno que calla a balazos y que se aprovecha de su potestad,
será un gobierno que morirá en la aplicación de su propia ilicitud. El objetivo
de la creación de un ejército siempre ha sido defender a la patria y de no ser
así, refleja sin duda alguna, la
irreverente y penosa manera con la que escucha a su pueblo. Un soldado que pone
primero a una orden injustificada antes que a su prójimo, es un soldado que
trabaja para un mortal y no para su eterna originalidad como servidor de la
nación.
Este hecho rebasa los límites de un poder
absoluto, porque más que una orden autoritaria es el ejemplo palpable de una
atroz ideología. Es indignante la ejecución cautelosa de este tipo de actos,
pero sería más indignante que la voz del pueblo se callará ante tal inmoralidad,
y puedo decir que este hecho fue cauteloso, incluso en la actualidad, ya que se
ha tratado de extinguir los antecedentes del mismo para relegar la degradación
de nuestras garantías y como siempre, el ocultar con cortinas de humo la
sangrienta e indignante realidad de mi nación ha sido la victoria más gozada
por aquellos que degradan nuestra capacidad de salir con la frente en alto y
gritar “tierra bendita, eres tú la cuna de mi tranquilidad”.