miércoles, 9 de diciembre de 2020

Una navidad con despedida

 

Una navidad con despedida

                Érase una vez en la fábrica más grande del mundo, la “Claus Gifts”, los 360 elfos que ayudaban a santa a cumplir los millones de sueños estaban a punto de ir a dormir, ya que después de un arduo 23 de diciembre era obvio que necesitaban descansar enormemente, sobre todo por aquello de que el día siguiente tenían que llenar el mágico e interminable “Red bag” para la magna partida del señor Claus. Pero algo muy poco común pasó ese día en la sorprendente y avanzada Claus Gifts…

            El elfo Pegatín, que era el encargado de leer las cartas de los muy inteligentes y sagaces niños, se dio cuenta de que uno de ellos no pidió ningún regalo esta navidad y escribió lo siguiente…

            Querido Santa:

Este año fue muy complicado para el mundo, como ya sabrás, un terrible e invisible enemigo ha atacado a millones de personas. Extraño mucho ver a mis amigos y jugar con ellos, pero sobre todo, extraño ir a visitar a mi abuelita cada fin de semana. Le he dicho en innumerables ocasiones a mis padres que me lleven a visitarla pero cada vez que lo hago ellos se quedan callados y sus grandotes ojos cafés se llenan de lágrimas, tal vez sea porque ellos también extrañan visitar a mi abuelita. En fin, esta vez no pediré ningún regalo, me imagino que este año el mundo mandó pedir muchos cubre bocas a tu fábrica y tienes mucho trabajo; ¡porque a mí no me mientes santa!, me di cuenta de que ya tienes también tu negocio de fábrica de cubre bocas, he visto tu imagen en muchos de ellos. Pero como te decía, extraño mucho a mi abuelita y este 24 de diciembre quiero que en vez de traerme regalo a mi le lleves a ella uno, sé que esta noche buena la pasará sola en su casa y quiero que le lleves una bufanda color guinda y una chamarra negra…esos son sus colores favoritos.

 ¡Casi lo olvido!... También necesito que le escribas una carta que diga lo siguiente:

            “Abuelita, te he extrañado todo este tiempo, aunque vivas a dos cuadras de mi casa no podré visitarte, supongo que ya sabes la razón. Pero te mando este regalo, espero que te guste, escogí la ropa con tus colores favoritos. Deseo verte pronto y te juro que cuando eso pase te abrazare muy muy fuerte y juraré no volver a dejar de visitarte tanto tiempo”

            Pegatín, el lector de cartas, esa noche no pudo dormir de solo pensar en la triste situación en la que se encontraba aquella niña llamada Mónica.

            Pues bien, al día siguiente se levantó antes que todo los elfos para preparar el regalo de la abuela Lilia, pero sabía que sería imposible cumplir el deseo de la pequeña niña y consternado por la situación derramó una lagrimita sobre el piso.

            El 25 de diciembre, por sorpresa había debajo del árbol una carta para Mónica que decía:

“Mi pequeña niña, soy yo, tu abuela Lilia… Agradezco tu generosidad pero le pedí a Santa Claus que en agradecimiento a tus regalos te trajera esto…

Sin palabras y con un llanto imparable aquella niña abrió el regalo de la abuela Lilia… era un espejo y detrás de él estaba escrito:

“Lo que veas aquí fue lo más importante de mi vida, amate y nunca dejes de sonreír mi princesa… ¡Ahh! Y otra cosa más, dale un abrazo a tus padres de parte mía, diles que fueron muy valientes al mantener mi partida en silencio. Los extrañaré enormemente”.

Y continuó leyendo la carta…

“No volveremos a estar ninguna navidad juntas pero también prometo que cuando te vea te abrazare muy muy fuerte, solo que tal vez no sea en este mundo… Me pondré la ropa que me regalaste y no me la quitaré jamás, a excepción de que un ángel del cielo me pida que se la preste”. Nunca dejes de soñar mi princesa. Te ama tu abuela.”

Una rosa sin espinas